En Trampa‑22, Joseph Heller, militar americano, formula una de las paradojas más desconcertantes de la literatura contemporánea. La resume con una lógica tan impecable como absurda: "Hay que estar loco para dedicarse a volar en misiones de combate. Pero si se esta lo bastante cuerdo como para solicitar que a uno lo releven de su obligación de combate, alegando motivos de locura, no se esta lo bastante loco como para que realmente lleguen a relevarlo. Así que cualquiera de ambas situaciones indeseables implica una solución que contradice toda lógica". Hay que estar loco para seguir volando misiones de combate, pero si alguien está lo bastante cuerdo como para pedir que lo releven alegando locura, esa lucidez demuestra que no está lo suficientemente loco como para ser retirado. El soldado queda atrapado en un círculo perfecto, una trampa diseñada para que cualquier intento de escapar confirme que debe permanecer. La contradicción no es un error del sistema, sino su mecanismo esencial: la cordura invalida la petición, la locura impide formularla. Sin embargo, esta paradoja militar, fría y burocrática, tiene un reflejo íntimo que muchos reconocen en su propia vida. Es la paradoja emocional del individuo que, desbordado por las circunstancias, siente la necesidad de pedir una excedencia, un relevo, una pausa, pero al mismo tiempo desea que no se la concedan. Pedir ser apartado implica admitir un límite, una fragilidad, una renuncia. Y aunque la presión empuja hacia la salida, el sentido de identidad, pertenencia o responsabilidad tira hacia quedarse. Así surge otra trampa: uno quiere marcharse porque ya no puede más, pero también quiere quedarse porque no quiere perder su lugar. La contradicción no viene impuesta desde fuera, sino desde dentro. Es una lucha entre dos impulsos legítimos que se neutralizan mutuamente. Lo interesante es que ambas paradojas, la del sistema y la del individuo, terminan conduciendo al mismo punto: la imposibilidad de resolver la situación sin contradecirse. En la novela, la lógica militar encierra al soldado en un callejón sin salida. En la vida, la lógica emocional encierra a la persona en un conflicto que no sabe cómo deshacer. Y en ambos casos, la salida parece prohibida precisamente porque se desea y se teme al mismo tiempo. Catch‑22 no es solo una trampa burocrática; es también un espejo donde cada lector puede reconocer sus propias contradicciones. La paradoja del ejército y la paradoja biográfica no se excluyen, sino que se complementan. Una muestra cómo el mundo nos atrapa. La otra muestra cómo nos atrapamos nosotros mismos. Y juntas revelan que, a veces, la lógica más implacable no es la del sistema, sino la del corazón.Me fui de la Guardia Civil por enfermedad psicológica, desbordado por una disciplina que me quebraba y por un entorno que no sabía comprender mi sufrimiento. Pero mientras pedía el relevo, también sentía que perdía una parte de mí, una identidad que había construido con esfuerzo y vocación. Quería marcharme para sobrevivir, pero quería quedarme para no desaparecer. Porque, en el fondo, yo amaba y quería a mi país, España. Sabía que en mi oficio podía expresar libremente ese amor, pero también que era difícil hacerlo en medio de unas condiciones de trabajo que exigían más de lo que yo podía dar. Esa tensión me acompañó durante años, como una herida que no sabía cómo cerrar. Una herida que me sigue acompañando y que nunca acaba de cerrarse. Por eso entiendo tan bien la trampa de Heller: porque yo también viví una situación donde la salida y la permanencia se anulaban mutuamente, y donde la contradicción no era un juego lógico, sino una batalla interior que marcó mi vida.
El pingüino recepcionista in the Weary Land
Un blog personal.
elpinguinorecepcionista
jueves, 24 de septiembre de 2026
lunes, 13 de julio de 2026
Eutanasia y Maltrato Psicologico
Lo sucedido con la Ley de Eutanasia en España, y en concreto con el último caso ocurrido en Cataluña con Noelia Castillo, pese a todas las garantías legales que la ley pueda habilitar al respecto, me parece de una gravedad extrema. Una persona con los antecedentes psicológicos de Noelia Castillo no está en condiciones de habilitar, para su propia vida, una medida tan extrema como la eutanasia. Su discernimiento vital está muy deteriorado por la enfermedad psicológica que sufría. Pero, pese a todo ello, las autoridades, con la ley en la mano, accedieron facilitándole todas las medidas necesarias para que su eutanasia fuera efectiva. Esta persona sufría una enfermedad psicológica severa, de gran gravedad. Las autoridades políticas y sanitarias lo sabían; cómo no lo iban a saber, si hoy en día en España a las autoridades políticas, que son las que mandan, no se les escapa detalle alguno en relación con cualquier ciudadano, sea conocido o no conocido. No se le hizo una evaluación independiente, no verificaron la intención real de la paciente ni su voluntariedad auténtica. Simplemente ignoraron todo problema que pudiera impedir la efectividad de la eutanasia. Eso me parece gravísimo y dice mucho de las actuales autoridades políticas que tenemos hoy en día en España. En mi opinión, era deber de las autoridades conocer los antecedentes psicológicos de la paciente y valorar con el máximo rigor si reunía las condiciones para prestar un consentimiento plenamente libre e informado. Gentes siniestras que ocultan sus estrategias bajo la máscara de la hipocresía. En este aspecto voy a referenciar mi caso, porque en mi opinión es un ejemplo susceptible de convertirse en realidad si alguien con ideas siniestras se lo propone. Mi caso es el siguiente: durante casi treinta años he sido objeto de una campaña de acoso, abuso y maltrato psicológico durísimo, diría que casi infernal. No había día ni hora en que no fuera objeto de ese brutal maltrato psicológico al que he sido sometido durante todo este tiempo. No voy a contar cómo comenzó todo, porque en este país en el que vivimos hace mucho tiempo que dejé de creer en las casualidades. Un maltrato psicológico muy difícil de demostrar, pero que era real, existía, y en la ciudad donde vivo todo el mundo lo sabía. Si te conocía hasta el apuntador, sin ser famoso, por algo sería, no por casualidad. Lo he pasado muy mal; he tenido días, semanas y meses muy, pero que muy malos. No sabes cómo seguir, tienes todos los caminos cerrados. Por mucho que intentes protegerte, tus acosadores te demuestran que no tienes salida alguna. Te indican sin palabras, pero con hechos, que la única solución que tienes es sufrir y aguantar, porque nadie te va a creer si lo cuentas; es más, si lo cuentas van a pensar que estás loco de remate, que todo son imaginaciones tuyas. Incluso cuando en una ocasión acudí a un medio de comunicación con la esperanza de ser escuchado y visto —pues era completamente invisible— y llamé suavemente con los nudillos, sin pretender hacer daño ni romper nada, al poco salió una persona responsable del medio y casi llegamos a las manos. Quería llamar a la policía porque, en mi ingenuidad, intenté hacer visible mi maltrato psicológico. No relato este episodio para señalar o desacreditar a nadie, sino para dar testimonio de la soledad y la impotencia en que me he encontrado durante todos estos años. Qué ingenuidad más grande. Pues bien, si todo esto que me ocurrió —y quizá me sigue ocurriendo, porque a día de hoy nadie me ha garantizado que el acoso, abuso y maltrato psicológico no siga en vigor— hubiera derivado en una depresión gravísima, si en esa dinámica hubiera caído en una desesperación extrema y se me hubiera ocurrido la idea de Noelia Castillo, hoy estaría en el cementerio de la localidad, con mis agresores disfrutando divinamente de sus vidas y exultantes de felicidad. ¿Ustedes creen que hay derecho? En mi opinión, no hay derecho, y mucho menos que disfruten de esa felicidad que, en sus siniestras y malvadas vidas, no se merecen; es decir, no se merecen ningún tipo de felicidad por ser tan malvados a sabiendas. Si una persona sometida durante años a un intenso sufrimiento psicológico llega a perder toda esperanza, ¿cómo podemos estar seguros de que una solicitud de eutanasia expresa una voluntad verdaderamente libre y no la consecuencia de un sufrimiento extremo que la sociedad no ha sabido entender ni aliviar? Ustedes dirán: “Eso no puede ocurrir en España, usted está diciendo disparates.” Piensen lo que quieran, pero muchas veces la realidad supera a la ficción, y esto es una realidad, una verdad que, si hubiera sido escrita como ficción, habrían tratado a su autor de maquiavélico, desalmado y truculento. Ricardo Pérez Roda, Villarreal (Castellón).
viernes, 15 de mayo de 2026
The Beatles. Sencillamente genial.
Es una de las canciones mas iconicas de los Beatles.Esta canción es mundialmente famosa por la entrega vocal de McCartney. Para lograr ese tono rasgado, crudo y lleno de auténtico dolor, Paul iba al estudio de grabación temprano cada mañana durante una semana antes de que llegaran los demás, cantando el tema una sola vez por día para ir desgastando su voz y obtener esa textura tan potente y visceral. Pero lo mas sorprendente de todo, es que solamente escuchandola piensas que quien verdaderamente la canta es Jhon Lenon, jamas imaginarias que el verdadero cantante es Paul MaCartney, sencillamente genial.lhttps://www.youtube.com/watch?v=9BznFjbcBVs&list=RD9BznFjbcBVs&start_radio=1

